Serie: Matrix & Energy · Artículo 5 · Idioma: ES
«La escritura no es simplemente una técnica, sino una reestructuración de la conciencia».
— Walter J. Ong
Con la escritura, el cambio decisivo no fue un avance técnico en un sentido estrecho,
sino un salto estructural en la capacidad humana de sincronización.
El lenguaje hablado sincronizó a las personas en el espacio.
La escritura sincronizó a las personas a través del tiempo.
La escritura permitió comunicarse con personas que no estaban presentes
– o que ya habían muerto.
Leyes, mitos, normas, contratos y órdenes genealógicos
quedaron así estabilizados a través del tiempo.
Desde una perspectiva antropológica, la escritura sirvió al principio no para la autoexpresión,
sino para la organización de sistemas sociales complejos.
La escritura redujo la entropía social.
La escritura estabilizó modelos de relación a lo largo de generaciones:
normas matrimoniales, estructuras familiares y roles sociales.
La formación de pareja siguió basándose en similitud perceptiva, emocional y social,
pero quedó encuadrada culturalmente y mantenida con coherencia temporal.
La escritura no crea resonancia.
Crea el espacio temporal en el que la resonancia puede perdurar.
Sin escritura no hay desarrollo acumulativo:
no hay conocimiento estable, no hay instituciones, no hay sistemas de relación duraderos.
La escritura es la extensión temporal del sistema humano abierto.
La coherencia a través del tiempo requiere almacenamiento, y la escritura es ese almacenamiento.
La escritura fue el momento en que los seres humanos empezaron a vivir con los ausentes.
No hizo las relaciones más profundas, pero las hizo duraderas.